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domingo, 6 de marzo de 2011

CORNEAS RECUPERAR LA VISION


Si bien una cirugía que de no generarse complicaciones no requiere mas de un día de internación ,la posibilidad de recuperar la visión puede depender de otro factor fundamental : La donación.
Mas allá del alto porcentaje de éxito obtenido en los implantes , hoy lo más preocupante es la baja tasa de donaciones que se registra.La atención estaría puesta especialmente en centros de salud privados  que no siempre fomentarían , ni estimularían debidamente la donación de órganos por parte de los familiares de los presuntos donantes .
Mas allá de las trabas se sigue trabajando sobre el tema logrando que casi a diario una persona recupere la visión al menos en un ojo.

Los contornos se diluyen, las formas se desvanecen. Poco a poco, el mundo se les va escapando. Los testimonios se repiten y el diagnóstico siempre es el mismo: un trasplante. No existen anteojos mágicos ni operaciones salvadoras. Sólo una córnea nueva puede poner las imágenes otra vez en su sitio.




En la Argentina en 2010, según datos del Incucai, se realizaron 932 trasplantes de córneas, la cifra más alta de la historia. En el país, existen 3.043 personas esperando por un trasplante. Más de la mitad de ellos, 1.557, viven en Provincia. Doscientos lo necesitan en forma urgente porque ya no son formas difusas lo que ven, sencillamente se han vuelto ciegos.



El año pasado, la provincia logró lo que parecía imposible: se realizaron 219 trasplantes, tanto en hospitales públicos como privados. Es decir que cada día y medio una persona que era ciega en al menos uno de sus ojos volvió a ver.



Si se comparan los números con los de 2009, hubo un crecimiento de 23,9 por ciento en la cantidad de operados en Buenos Aires. Una tendencia que se inició hace cuatro años y que tuvo su pico en 2010. Un porcentaje menor se realizó con tejidos importados de bancos de ojos de Estados Unidos o Europa a un costo de US$ 700. Son casos extraordinarios que requieren certificación especial del Incucai.



Sin embargo, para Alberto Maceira, titular del Cucaiba –el centro de trasplantes de órganos bonaerense–, los números siguen siendo insuficientes para remediar el déficit de córneas que existe. La preocupación por la falta llegó hasta el gobernador Daniel Scioli, quien ordenó que a más tardar en julio haya déficit cero para las personas que esperan en la lista de urgencias, es decir, aquellas que ya han dejado de ver.



“Existe un déficit –explica Maceira—y por eso estamos tratando de estimular la donación, lo más importante siempre es la forma cómo reacciona el sistema de salud ante un posible donante”. El titular del Cucaiba admite que la mayor dificultad viene de los hospitales privados que no siempre avisan ni fomentan la donación de órganos.



“Cada vez que me encuentro con una persona que dejó de ser ciega gracias a un trasplante –cuenta Alejandro Colilla, ministro de Salud bonaerense, a cargo de la difícil tarea de llevar a cero el déficit de córneas– siento la infinita gratitud que manifiestan hacia el donante y su familia porque es un cambio cualitativo muy grande en la calidad de vida”. Siempre que no existan complicaciones, el trasplante de córneas es una operación sencilla y generalmente ambulatoria, es decir que no requiere más de un día de internación. Se trasplanta un ojo y, si no hubo rechazo, se hace el otro. Para eso hay que volver a anotarse en la lista de espera.



Las causas de la ceguera son muchas. Pero cuando es producida por enfermedades de la córnea, el trasplante resulta indispensable. La enfermedad más común es el queratocono , que es congénita, aunque muchas veces la ceguera puede ser causada por daños o infecciones que terminan en perforaciones o abscesos en la córnea.



Aunque las operaciones se hicieron tanto en instituciones públicas como privadas, uno de los centros de trasplante más importantes es el Hospital Rodolfo Rossi de La Plata. Allí se operó María Cecilia Fornasieri, una maestra de 51 años a la que a los 7 le detectaron el queratocono. Desde entonces, usó lentes de contacto. Pero un día sus ojos dijeron basta y ya no las toleraron más. “Apenas unos bultos de colores me conectaban con el mundo”, cuenta. Dejó de salir a la calle, tenía miedo a viajar sin compañía y no poder volver a casa. Se operó a los 46 años y logró recuperar el 80 por ciento de la visión. “Siento que la familia del donante me devolvió la vida ”, dice.



Héctor Calderón, quien también se operó en el Rossi, hizo el mismo recorrido que Cecilia (ver aparte). Su esposa, Marcela, cuenta que desde que volvió a ver, lo que más le llama la atención es su forma de caminar. “Andaba como por el aire”. Héctor sonríe: “Es que antes adivinaba las veredas , ahora piso en firme”.
Fuente clarín .com



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