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miércoles, 9 de septiembre de 2009

SANTA FE, LOS NIÑOS DE LA SOJA ROCIADOS CON PESTICIDAS

Esta nota del año 2006 no permite que aun hoy dejemos de pensar en las terribles concecuencias que padecen tanto los chicos que trabajan de eso ,como sus familias incapaces de protejerlos por la imperiosa necesidad de conseguir sustento y por la total desprotección y falta de control por parte de las autoridades pertinentes .Sería bueno que en estos tres años que pasaron algo haya cambiado,por el momento no tenemos esa información.Esta noticia podrán verla reflejada en muchos otros sitios y seguramente se irán sumando muchos MAS para que todos sepan de que se trata,Decíamos ojalá halgo haya cambiado y si así fue también saberlo y difundirlo .Sería bueno.
-Gracias Elsa por la nota-
Y después nos horrorizamos de lo que pasa con los ninos en África o la India !!!!!! Un verdadero GENOCIDIO , de los tantos que se cometen en nuestro país todos los días.Este es terrible, porque es una muerte lenta y los niños son conscientes de lo que les puede pasar.
Quien sabe que se comete un crimen y no lo denuncia es un cómplice.
El 'mosquito' es una máquina que vuela bajo y 'riega' una nube de plaguicida.
CHICOS ROCIADOS CON PESTICIDAS TRABAJAN COMO BANDERAS HUMANAS. Escrito por Diario La Capital - Rosario -
'A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza'.
Gentileza de Arturo Avellaneda arturavellaneda@ msn.com
LOS NIÑOS FUMIGADOS DE LA SOJA Argentina / Norte de la provincia de Santa Fe Diario La Capital Las Petacas, Santa Fe, 29 septiembre 2006 Las Petacas se llama el exacto escenario del segundo estado argentino donde los pibes son usados como señales para fumigar. Chicos que serán rociados con herbicidas y pesticidas mientras trabajan como postes, como banderas humanas y luego serán reemplazados por otros. 'Primero se comienza a fumigar en las esquinas, lo que se llama 'esquinero'. Después, hay que contar 24 pasos hacia un costado desde el último lugar donde pasó el 'mosquito', desde el punto del medio de la máquina y pararse allí', dice uno de los pibes entre los catorce y dieciséis años de edad. El 'mosquito' es una máquina que vuela bajo y 'riega' una nube de plaguicida. Para que el conductor sepa dónde tiene que fumigar, los productores agropecuarios de la zona encontraron una solución económica: chicos de menos de 16 años, se paran con una bandera en el sitio a fumigar.. Los rocían con 'Randap' y a veces '2-4 D' (herbicidas usados sobre todo para cultivar soja). También tiran insecticidas y mata yuyos. Tienen un olor fuertísimo. 'A veces también ayudamos a cargar el tanque. Cuando hay viento en contra nos da la nube y nos moja toda la cara', describe el niño señal, el pibe que será contaminado, el número que apenas alguien tendrá en cuenta para un módico presupuesto de inversiones en el norte santafecino. No hay protección de ningún tipo. Y cuando señalan el campo para que pase el mosquito cobran entre veinte y veinticinco centavos la hectárea y cincuenta centavos cuando el plaguicida se esparce desde un tractor que 'va más lerdo', dice uno de los chicos. 'Con el 'mosquito' hacen 100 o 150 hectáreas por día. Se trabaja con dos banderilleros, uno para la ida y otro para la vuelta. Trabajamos desde que sale el sol hasta la nochecita. A veces nos dan de comer ahí y otras nos traen a casa, depende del productor', agregan los entrevistados. Uno de los chicos dice que sabe que esos líquidos le puede hacer mal: 'Que tengamos cáncer', ejemplifica. 'Hace tres o cuatro años que trabajamos en esto. En los tiempos de calor hay que aguantárselo al rayo del sol y encima el olor de ese líquido te revienta la cabeza. A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza', dicen las voces de los pibes envenenados. -Nos buscan dos productores. Cada uno tiene su gente, pero algunos no porque usan banderillero satelital. Hacemos un descanso al mediodía y caminamos 200 hectáreas por día. No nos cansamos mucho porque estamos acostumbrados. A mí me dolía la cabeza y temblaba todo. Fui al médico y me dijo que era por el trabajo que hacía, que estaba enfermo por eso', remarcan los niños. El padre de los pibes ya no puede acompañar a sus hijos. No soporta más las hinchazones del estómago, contó. 'No tenemos otra opción. Necesitamos hacer cualquier trabajo', dice el papá cuando intenta explicar por qué sus hijos se exponen a semejante asesinato en etapas. La Agrupación de Vecinos Auto Convocados de Las Petacas y la Fundación para la Defensa del Ambiente habían emplazado al presidente comunal Miguel Ángel Battistelli para que elabore un programa de erradicación de actividades contaminantes relacionadas con las explotaciones agropecuarias y el uso de agroquímicos. No hubo avances. Los pibes siguen de banderas. Es en Las Petacas, norte profundo santafecino, donde todavía siguen vivas las garras de los continuadores de La Forestal.
nota tvm:La Forestal (The Forestal Land, Timber and Railways Company Limited) es el nombre de una empresa argentina de capitales extranjeros que manejó buena parte de la actividad política y económica de un sector del norte argentino a fines del siglo XIX y a principios del siglo XX. Su nombre es tristemente recordado por haber significado la destrucción de una parte importante de los recursos naturales, la explotación de sus trabajadores y los obscuros contactos con el poder de turno.
La Forestal además tenía una fuerza propia de represión: la "gendarmería volante" (popularmente conocida como "los cardenales", financiada por la propia empresa, y armada y uniformada por el gobierno provincial del gobernador Enrique Mosca quien sería luego candidato a vicepresidente por la Unión Democrática en 1945. Esta ¨fuerza policial¨ hacía cumplir las leyes propias de la empresa incluso violando la propia Constitución Argentina y los Derechos Humanos de los trabajadores. Desde el territorio de la forestal se desplegaban además lineas ferroviarias privadas hacia los puertos argentinos, cobrando para que las pequeñas empresas estatales o privadas pudieran transportar sus mercaderías. Esto significó un gran deterioro para la actividad productora argentina. Durante los 80 años que funcionó La Forestal, pagó al estado impuestos tán mínimos que sólo podían considerarse simbólicos.

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